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martes, 24 de junio de 2014

El sonido de Cabañeros (AUDIOS)


Momento para dedicar 25 minutos de nuestro tiempo a disfrutar de los sonidos del Parque Nacional de Cabañeros. El sonido de los parques nacionales es una colección realizada en el año 2003 por Carlos de Hita con las narraciones de Iñaki Gabilondo. Todo un placer para nuestros oídos.

El Sonido de los Parques Nacionales es una colección realizada en el año 2003 por Carlos de Hita con las narraciones de Iñaki Gabilondo.

Os ofrecemos la correspondiente al Parque Nacional de Cabañeros.

En Enero, la llamada del Búho Real en la sierra, tras el crepusculo (01:40)

Febrero, zorro anfibios y mochuelos, noche cerrada en una vaguada (02:00)

Marzo, Águila Imperial sobre su cazadero en la sierra, a primera hora de la mañana (01:43)

Abril, la rueda de la Avutarda, media mañana en la raña (01:45)

Mayo, aguiluchos cenizos en el nido, por la mañana en la raña (01:58)

Junio, grillos, ruiseñores y autillos, noche cálida en un claro del bosque (02:30) 

Julio, nido de buitre negro, media tarde en una ladera arbolada (02:24) 

Agosto, mar de insecto en el herbazal, mediodía (01:37) 

Septiembre, bandada de rabilargos, área adehesada a media tarde (02:00) 

Octubre, berrea del ciervo, laderas de matorral al caer la tarde (02:19) 

Noviembre, carboneros, herrerillos y mitos, por la mañana y en pleno aguacero (02:16) 

Diciembre, grullas en la raña, amanecida (02:00) 

Hita, Carlos de Cabañeros [Grabación sonora] / Grabación, realización y textos, Carlos de Hita ; narración, Iñaki Gabilondo ; ilustraciones, Juan Manuel Varela.
[Madrid : Organismo Autónomo Parques Nacionales], [2003]
1 disco (CD, 24 min., 02 seg.) : digital ; 13 cm. (El sonido de los parques nacionales)
D.L. M.11074-2003
ISBN 84-8014-454-8

lunes, 12 de marzo de 2012

Los sonidos en el P.N. Cabañeros (Audio Carlos de Hita)


Es de noche y en apariencia nada se mueve; de los perfiles oscuros de las sierras, de las copas redondeadas de las encinas, no sale nada, ningún sonido que delate actividad. El aire está frío y todavía faltan semanas para que los grillos calienten la atmósfera nocturna.

Pero una espera en el campo nunca decepciona. Ocasionalmente, como destellos  en la oscuridad, se escuchan voces aisladas, gritos que rompen por unos segundos el silencio, la quietud de la noche. Al cabo de un tiempo la vista se acostumbra a la oscuridad y hasta la tenue luz de las estrellas sería suficiente; pero además hoy la luna está casi llena. Estamos en la llamada mancha de los Portugueses, junto a un arroyo rodeados de encinas, madroños, quejigos y un matorral espeso. En el corazón del Parque Nacional de Cabañeros. El sol se ha puesto envuelto en  todos los colores que van del rojo al violeta. La luna asoma tras las crestas de una sierra y convierte las aguas del arroyo en una lámina plateada.


ESCUCHAR AUDIO

El latido de la sierra se deja oír por primera vez: una cierva ladra a lo lejos, una voz bronca, asustada. Como respuesta, una tropa que había pasado desapercibida se aleja al trote, rompiendo el monte.
Los coros pulsantes de las ranitas de san Antón se apagan enseguida; una pareja de ánades azulones se acerca hasta aquí, con gran estrépito; vienen siguiendo la lámina plateada del arroyo. Se posan pero algo les inquieta, ya que inmediatamente, con una palmada en el agua, se alejan volando.  Ulula un cárabo. Y su voz fúnebre da pie al sonido más agreste del monte, el ladrido del zorro. 

Imperceptiblemente, desde hace un buen rato se vienen oyendo alrededor pisoteos, chapoteos y algunos gruñidos; una piara de jabalíes ha salido del monte espeso y ronda el arroyo en busca de comida. Y aunque hay campo para todos, las cosas no parecen ir bien entre ellos;  por los chillidos se diría que los estuvieran matando, pero en realidad se pelean con grandes aspavientos por algunas raíces.
La cierva vuelve a ladrar; el zorro grita; la sierra late.

Carlos de Hita

Parque Nacional de Cabañeros, 7 de marzo de 2012

sábado, 8 de octubre de 2011

Bramidos en la noche


Carlos de Hita

Parque Nacional de Cabañeros, la noche del miércoles al jueves. En un claro lateral de la gran raña, la planicie herbácea rodeada de sierras, principal escenario de la berrea de los ciervos.

La luna, en cuarto creciente, acaba de ponerse tras las crestas de la sierra de Valdefuertes, al oeste, y con la oscuridad total los ciervos, que hasta ahora se ocultaban bajo las sombras negras de las encinas, salen confiados a los claros.




La berrea empezó este año muy pronto; a primeros de agosto ya se oían las primeras llamadas de celo, y las tormentas de verano hicieron presagiar la abundancia de hierbas frescas en septiembre, alimento extra para el gran esfuerzo. Pero el otoño está siendo uno de los más secos que se recuerdan, la comida escasea y los ciervos concentran sus esfuerzos en las horas de oscuridad. O lo hacen más de lo normal.

Por momentos los bramidos son ensordecedores. Desde cada esquina del claro, desde cada ladera, llegan las voces entrelazadas de decenas de machos en celo. No se ve casi nada, pero con el oído podemos trazar un mapa sonoro, imaginar el escenario, el número de participantes. A ratos, muy cerca, en la misma linde en la que me escondo, retumba el suelo con los gritos de los animales más excitados, dominantes de un rebaño de hembras o aspirantes a serlo. Semanas de berrea, de gritos y peleas a lo largo de toda la noche acaban con cualquiera, y las voces rotas, afónicas, resuenan junto a los testarazos de quienes prefieren discutir con las cuernas en lugar de argumentar con matices.

Una piara de jabalíes anda por ahí, gruñendo y rebuscando bajo la tierra reseca.

De vez en cuando se escuchan unas toses broncas, de alarma. Suelen ser hembras, más atentas a lo que pasa alrededor, o machos jóvenes, sin ninguna posibilidad de reproducirse, que han venteado un olor extraño, un posible peligro, y lanzan la alarma. Sin mucho éxito, ya que el vocerío no cesa. La mayoría de las ciervas fértiles deben estar ya cubiertas, por lo que las oportunidades se acaban. Es noche cerrada, el alba aún está muy lejos y bajo las estrellas los ciervos tienen todavía mucho que decir en Cabañeros.

Y una pequeña nota final. Hace exactamente venticinco años, venticinco berreas, cogí por primera vez en mi vida un microfono, unos auriculares y un magnetofón. Con la gran suerte de que al empezar a grabar bramó un ciervo. La pasada noche yo estaba celebrando mi particular aniversario.

Cabañeros, en la madrugada del 5 al 6 de octubre de 2011

Fuente:  EL SONIDO DE LA NATURALEZA (ELMUNDO.ES)