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martes, 4 de enero de 2011

El Ciervo de Cabañeros


Sin duda, el rey de la fauna en el Parque Nacional de Cabañeros es el ciervo, es precisamente con la berrea cuando el parque alcanza el mayor número de visitantes dada la facilidad de ver y oir al ciervo que existe en este parque, aunque esto es debido a la superpoblación que presenta este espacio, por la ausencia de depredadores naturales que controlen la población.

No se ve el mismo número de ciervos todo el año, pues se van haciendo visibles en torno a la época de la berrea que es cuando más se ven, de las cuatro veces que he estado en el parque esta última, pasada la berrea es cuando más ejemplares he podido avistar, ha sido tal cantidad que podríamos estar hablando de un congreso de ciervos.











Aunque la época de la berrea se centra a mediados de noviembre, como todo en la naturaleza tiene una dispersión en el tiempo, a finales de agosto algunos descontrolados ya empiezan a berrear y pasada la berrea un buen número de descontrolados no solo siguen berreando toda la noche sino batiendo las astas al atardecer y al amanecer.

Los del Parque Nacional de Cabañeros nos cuentan que esta situación es habitual hasta finales de diciembre, aunque evidentemente es ya una actividad residual no por ello es menos perceptible.

Durante el día se pueden ver grandes grupos por la raña, los que se deben de ser los grandes triunfadores de la berrea van acompañados de hasta 30 hembras, no son muchos machos los que se ven por la raña pero hemos podido ver algunos con una cornamenta considerable aunque la mayoría eran unos varetos.

Localizarlos en la raña es relativamente fácil y ni siquiera es preciso entrar dentro del Parque Nacional, desde el mirador de casa palillos podemos observar con nuestros prismáticos o con el telescopio que hay la raña y buscar debajo de los árboles, así en las horas de más insolación será muy probable verlos descansar a la sombra de los escasos árboles que pueblan la raña.

También realizando la ruta etnográfica de Casa Palillos es posible que podamos ver alguno e incluso encontrárnoslo a la cara.


Una de las causas de poder ver ciervos con tanta facilidad es precisamente la propia fisionomía del terreno, la alteración sufrida por la raña en la que todo es visible.

No ocurre así en la zona de monte donde observar ciervos no es tan fácil, pues la vegetación los oculta aunque eso no quita que podamos orilos cuando llega la berrea.

De todas maneras oirlos sin poder verlos también tiene su encanto pues da lugar a la imaginación, nos preguntamos donde estarán, como serán de grandes para poder emitir semejante sonido y nos hace sobre todo pensar, nos encanta ver a los animales, pero ver no lo es todo y si así fuera, ¿que harían los ciegos en el monte?.

A veces es mejor cerrar los ojos y poner en marcha el resto de sentidos, nos sorprenderíamos de nuestra capacidad auditiva y de la cantidad de sonidos y sobre todo sensaciones que podemos captar.

Fotos y textos extraídos de: Hablando en Verde (Juanjo)

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